El problema de la primera impresión

Tan solo tenemos unos pocos segundos para causar una primera impresión, así lo afirman psicólogos y expertos en comunicación no verbal. A nadie debería sorprenderle que los primeros siete segundos al conocer a una persona por primera vez son los responsables de la percepción que tendremos sobre ella. Y esa primera imagen vendrá influenciada en gran parte por la vestimenta. Y este hecho no se debe a que seamos personas prejuiciosas, es algo natural porque nuestro cerebro está programado para llegar a una rápida conclusión, con muy poca información. Este instinto inmediato, e inconsciente, forma parte del mecanismo humano de supervivencia para evaluar o detectar, y en su caso actuar, ante una posible amenaza cuando se presenta un acontecimiento nuevo. 

No hay una segunda oportunidad para una primera impresión. 

Oscar Wilde  

Es cierto que la primera impresión es importante, pero si conocemos a la persona, según transcurran los primeros minutos del encuentro, la imagen de la persona que estamos conociendo se irá moldeando segun su comportamiento, la forma de hablar y otros muchos factores. El dicho de que el hábito no hace al monje y que las apariencias engañan se aplica en todos los ámbitos y en el vestir no deja de ser menos cierto. Sin embargo, un aspecto cuidado puede decir mucho a favor de quien se ha tomado la molestia de cuidar su imagen, aunque en la sociedad actual en muchas ocasiones esta practicamente mal visto y se recurre a segmentar y catalogar rápidamente a la persona dentro de un grupo solo por su forma de vestir. Hace no tantos años el vestir correctamente era la norma y no la excepción.

Por el contrario, la sociedad en la que vivimos se ve cada vez más segmentada en todos los aspectos. Además internet y las redes sociales solo aumentan la segmentación generando el efecto de la cámara de eco, es decir, que las personas sólo leen, siguen y ven aquello que es de su ideológica y, en consecuencia, no se exponen a ideas distintas que contraríen sus prejuicios y por lo tanto es poco probable que cambien de opinion y solo ven el mundo desde su ideología homogénea y acrítica.

Es cierto, que siempre las personas nos juntamos por afinidad, pero antes, había más contacto con cualquier persona, y ahora uno puede vivir en su burbuja y no pararse nunca a escuchar ni siquiera a su vecino. Y esto hace que las personas prejuzguen más rápidamente a quien no pertenezca a su misma «casta» por cualquier aspecto diferenciador, como por ejemplo, por su vestimenta.

El vestir bien no debería ser considerado nunca como una muestra de querer ser superior a los demás o demostrar algo al resto, aunque en ocasiones muchos lo interpretan de esta forma, realmente el vestir correctamente es una muestra de respeto hacia las personas. Y si alguien solo quiere aparentar o demostrar algo es porque tiene problemas emocionales y de autoestima, que debería solucionar, de las implicaciones emocionales con la forma de vestir escribiré en futuros artículos.

Es inevitable que nuestra mente genere una primera impresión porque es inconsciente, pero no debemos de juzgar o clasificar a la persona solo por su forma de vestir. Es evidente que yo preferiría que todo el mundo vistiera bien, de hecho, es uno de los objetivos de esta web, pero yo no voy a juzgar de forma negativa a las personas por su forma de vestir. Aunque sigo defendiendo que una buena imagen exterior es la mejor tarjeta de presentación de cualquier persona.

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